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EBooK TRAILER de EL JUICIO DE DIOS

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   El horror dió lugar a la más dura e increíble batalla legal de la Historia.    

 

Los mejores  abogados del mundo; estaban preparados.

 

Los del Vaticano... para impedirlo !

 


           Sorprendente e impredecible. Una intrigante y emocionante historia, con un entramado de situaciones en las que el lector se verá envuelto desde el principio y que no sabrá hasta donde pueden llegar... o llevarle.            


                                    EBOOK  TRAILER





 
 
 
 
 
DIRECCION;   MARISA TAJADA
 
DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA;    CESAR CASANOVA
 
GUION;    ENRIQUE RIOS
 
 
 
 

Entrevista al autor; Ríos Ferrer


Ríos Ferrer nos presenta, ‘El juicio de Dios’, una novela original y llena de acción

Julio 2012

Es un escritor de Barcelona. Creativo y su pasión es la pintura, la escultura y escribir. Ha desarrollado patentes industriales y de invención para el mundo del espectáculo. Es experto en aplicación de las tecnologías domóticas a través de nodos, en los llamados Edificios Inteligentes, y también para las personas con movilidad reducida. Su primer novela, publicada en formato digital, se titula El juicio de Dios.

Comenzamos la entrevista preguntándole cómo surgió su afición por la escritura, ¿es algo que le viene de familia?
Realmente no. Aunque sí provengo de una familia creativa en general relacionada con el arte.

Con la autoedición ha visto cumplido un sueño, que su obra llegue a los lectores. ¿Cómo se sintió al ver su obra publicada en formato digital y empezar a recibir las primeras opiniones de los lectores?
Es una hermosa sensación. La gente te escribe diciendo que ha disfrutado de su lectura y que además les ha hecho reflexionar en algunas cosas. Es fantástico.


Varios escritores que han comenzado su andadura publicando sus obras en formato digital han visto cómo sus obras eran publicadas posteriormente en papel. ¿Espera algún día que El juicio de Dios se publique en papel?
Últimamente tengo alguna modesta propuesta, por lo limitada de su distribución, en ese sentido, que por ahora no contemplo. Obviamente no lo descarto. Todos los autores de digital quieren ver su obra en papel. También es cierto que la comercialización si no se hace adecuadamente, tiene una corta vida en papel. Algo que no sucede en digital donde una novela crea sinergias con otras anteriores. No obstante creo que a no tardar, habrá un nuevo modelo, probablemente híbrido, donde convivan todos. Esperemos estar ahí.


¿Ha escrito más historias que no ha compartido con el resto? ¿Algún día verán la luz?
Eso espero. Tengo dos novelas terminadas, que espero, una de ellas al menos, salga antes de fin de año.

Ha afirmado en una ocasión que El juicio de Dios ha sido una novela compleja en su realización. ¿Cuánto tiempo le llevó escribirla?
Dos años y tres corregirla. La novela es una especie de puzzle donde poco a poco van encajando las piezas. A esa complejidad me refería.

¿Cómo fue el proceso de documentación?
Largo y a la vez muy entretenido.


En la época del Emperador Constantino, emperador romano que instauró el cristianismo como religión en su Imperio, se efectuó en el senado romano un Juicio a Dios en el 324 d.C. y los documentos de tal evento permanecen ocultos en algún lugar del Vaticano. ¿Qué fue lo que le impulsó a escribir El juicio de Dios?
Lo que representa para el ser humano cuestionarse su fe. Esa lucha interna entre esa fe y la falta de entendimiento hacia las desgracias que entiende; no merece. Me pareció una osadía, pero a la vez apasionante. Y ahí está.


La iglesia católica creo en 1559 una lista con todos los títulos de obras consideradas perniciosas para la fe, recogida en el Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum, ¿es consciente que en otra época su obra hubiese sido censurada por el tema que trata?
O quemado directamente. No creo que hubiese sido tan inconsciente. De todos modos, la gente piensa que es una novela religiosa, y realmente no lo es. Tiene el trasfondo pero es una novela de acción y sobre todo de diálogos. Si me lo permite, para degustarla lentamente. Por cierto, una novela que generó el interés y que a través de terceros se envió al Vaticano por petición expresa. Muy cerca de Su Santidad.








                                                                                     E BooK Trailer El Juicio de Dios


En su novela El juicio de Dios un bufete de abogados se enfrentará al poder establecido de la Iglesia en el mundo. En el 2007 Ernie Chambers, senador estadounidense, demandó a Dios por causar catástrofes en el mundo, siendo admitida a trámite dicha demanda. Otro ejemplo anterior lo vemos en 1918 cuando Lunacharski organizó en Moscú un juicio contra Dios en el que fue «imputado» por genocidio y «condenado a muerte». ¿Qué opinión tiene de estos juicios?
El segundo caso no lo conozco a fondo pero fue más una pantomima. En el de Chambers, creo fue más llamar la atención sobre algo como que Dios era susceptible de ser acusado. Pero sin base. Sin ser sustentado jurídicamente, como es el caso en mi novela.


¿Cree que uno de los puntos fuertes de su novela es precisamente la originalidad de la trama?

Sin duda; y no es mi opinión, sino la de muchos lectores. También el planteamiento de cómo se desarrolla la misma. Era un tema muy delicado en el que cruzar la línea de lo sensato y coherente, era muy fácil.

En el blog de su novela El juicio de Dios va creando constantemente entradas con fragmentos de su obra, ¿intenta llamar de esta manera la atención de los lectores?
Sí, y por una razón específica; la lectura gratuita que permite Amazon, en el caso de El Juicio de Dios, no refleja lo que viene a continuación. De hecho, la parte a la que pueden acceder, ni siquiera centra el inicio de la causa que motiva la historia real de la novela. Por lo que creí conveniente algunas pinceladas complementarias en ese sentido; Vaticano, abogados, etc.


Los escritores siempre nos comentan la dificultad en la creación de los personajes, pero también un diálogo resulta en algunos casos complicado de realizar. ¿Es arduo crear un diálogo con humor, fuerza e intensidad sin que el narrador intervenga demasiado?
Mi táctica, supongo que cada cual tiene la suya, es contar la escena como espectador. Dejar que los personajes hablen sin inmiscuirme mucho en los diálogos. Sin comentarios que rompan el ritmo de las conversaciones. La intensidad quizá sea producida, hablando de mi manera de relatar, en que nunca secuencio una escena de pregunta/respuesta. Sitúo la escena, y mi personaje pregunta lo que tiene que preguntar, por complicado que sea, y luego miro que otros personajes respondan adecuadamente. Eso a veces me lleva a que una escena inicial, no tenga nada que ver, una vez terminada, con lo que había imaginado en principio. Eso sí, me sirve como si fuera una especie de “story board” pero modificada por los derroteros que haya podido tomar la conversación o la acción.

La escritora Blanca Miosi, referente en todo el mundo debido a su éxito con sus obras en formato digital, hizo una reseña de su novela El juicio de Dios. ¿Ha sido para usted importante recibir esta recomendación de un Nº1 en América y Europa?

Sin lugar a dudas. Una reseña importante de una autora referente en estos momentos en todo el mundo es un regalo impensable. Blanca Miosi no es solamente una gran escritora sino también una gran persona. Le estaré eternamente agradecido por su amabilidad al hacerlo.


En el blog Secuencia y palabra publica sus pensamientos, reflexiones y varios relatos y microrrelatos. ¿Cuándo se dio cuenta de que escribir era lo suyo?
De una manera más consecuente, y dedicándole más tiempo, desde hace unos diez años


Tras El juicio de Dios, ¿tiene más proyectos literarios?
Sí, los que he comentado antes. Uno de ellos, de novela negra, está muy avanzado en las correcciones.


¿Intentará buscar editorial para sus nuevas obras o prefiere tener la libertad que le ofrece la autoedición en formato digital?
Seguiré como hasta ahora, como dice usted muy bien, en esa libertad autosuficiente; aunque no estoy cerrado a nada que pueda ser interesante.

Finalizamos la entrevista preguntándole si, ¿tiene algún escritor que le haya servido de referente?
Los clásicos; Verne, Dumas, Salgari. Me gusta mucho Cicerón, Hemingway, Chandler, Forstyth, etc.


¿Qué libro recomendaría a nuestros seguidores de De lectura Obligada?
Puede sonar a anticuado, pero creo que Cervantes y su Quijote siguen encerrando los misterios de las novelas que han venido detrás. Con otras formas narrativas, pero con un fondo consistente basado en aquella. Es una novela que, la leas cuando la leas, siempre es actual. Como dicen ustedes, de lectura obligada. También a Hemingway; cualquier título.



Entrevista realizada por; De Lectura Obligada Julio 2012 El magazine literario de Radio Jove Elx.

DESPACHO DE H.T. New York (fragmento)


      LA FRIALDAD DE WALTER


Henry Thompson miró fijamente a Walter.

  Es usted uno de los mejores y más serios abogados del bufete. Si no supiera eso, me parecería que se está burlando de mí.  Pero lo que propone es una temeridad.

  Lo sé.  Pero es planteable jurídicamente.

  ¿Sabe las repercusiones que podría tener éste asunto?

  Soy consciente de ello.

  ¿Seguro?

— ¿Se imagina por un momento - prosiguió H.T.-, que ganemos el caso?  Millones de personas en todo el mundo, reclamarían continuamente por daños personales.

—  Quizás, pero...

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                                                  E BooK Trailer El Juicio de Dios

                                        

UNA MUJER

                                                                                                           E BooK Trailer El Juicio de Dios
                                    
 
                                         
 
 
 
 
 
ELLA TENIA FE
                           Y POR ELLO
                                      PEDIA
                         RESPUESTAS



                            LA IGLESIA 
                            SE JUGABA 
                           MUCHO PARA DARSELAS


                                ... por eso impediría con todos los medios que SIGUIERA
adelante con su despropósito


NADIE TERMINARIA CON LO QUE HABIA COSTADO SIGLOS CONSEGUIR


¡DEMASIADO EN JUEGO!!
 

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VIA VENETTO ... (fragmento)

              

...   

       
    E BooK Trailer El Juicio de Dios


— ¿Americanos? - ahora quien preguntaba, era su compañera.

— Sí, lo somos, pero por favor, no podemos ésta noche.  Hemos quedado con unos amigos más tarde - mintió Vergara.

  ¡Qué pena!, sois tan guapos… - dijo la más alta, mientras acariciaba la cara de Levine -.  Al menos dejadnos daros un beso de despedida.  Nunca hemos besado a unos hijos del gran Bush.

A Vergara no le quedó tan claro, si aquello era un halago.

  ¡Claro! - dijo Levine, animado.

La muchacha se acercó a darle un beso a Levine. 

Cuando sus labios rozaban la comisura de sus labios, una voz ronca, se escuchó a sus espaldas.

  ¿Qué es lo que pasa aquí?

Las palabras las había pronunciado un hombre enorme, que los miraba con ojos furiosos. - Más de 1,80 calculó Vergara - perfectamente trajeado, y con unas enormes espaldas de gorila, fruto de muchas horas de gimnasio, que parecían iban a reventar la chaqueta.

— Nada, amigo, que te importe - Le contestó Levine con una frialdad, que hizo que su amigo y compañero, lo mirara con asombro.

  Es mi chica, y la estáis molestando.

— Te equivocas - dijo Levine previsor, ante el tono agresivo de aquel mastodonte, levantando las palmas de sus manos -. No estamos molestando a nadie.

El hombre hizo un gesto, y dos hombres que se encontraban detrás de Vergara, se introdujeron en la escena.

A los dos amigos, aquello no les gustó.  Intuían que no era casual,  lo que estaba sucediendo.

— Sois unos asquerosos hijos de puta - dijo uno de los recién incorporados, arrastrando las palabras.

— Si tú lo dices… - comentó magnánimo Levine, sonriéndole.

Los dos amigos estaban de pie, con la espalda pegada al mostrador, y frente a los tres hombres.

Las chicas, misteriosamente, habían desaparecido.

— Y además - soltó el otro, un hombre de unos treinta años, atractivo, muy arreglado, y de cabello moreno y engominado hacia atrás -, unos cabrones extranjeros que se creen los amos donde van, y con derecho a molestar a nuestras mujeres.

Aquello se estaba poniendo complicado.  Los dos amigos se miraron.  Aquello olía a pelea.  Para qué esperar.

Levine lanzó un puñetazo a la barbilla del gigantón, que sorprendido, cayó contra las mesas que se encontraban detrás de él.

Los clientes se levantaron, haciendo corro alrededor de los contendientes.

Vergara hizo lo propio que su compañero, pegando en plenas narices al de la gomina, al tiempo que lanzaba, girando su cuerpo, una patada contra el otro tipo, directa al mentón.

Los tres hombres, enfurecidos, se lanzaron contra los abogados.

Estos, esquivaron la acometida, empujando a sus agresores contra el mostrador.

El más grande, cogió a Vergara por la espalda, intentando machacarlo entre sus potentes brazos.  Éste lanzó sus piernas hacia lo alto, cogiendo por el cuello nuevamente al de la gomina, que venía a pegarle en el estómago.  Al caer hacia abajo, arrastró al enorme individuo que lo sujetaba, volviéndose,  y descargando un puñetazo en su cara, con las dos manos.

  ¡¡Joder!! - exclamó sacudiendo las manos, por el daño que se había hecho al pegarle.

Fue a socorrer a Levine, que se encontraba en el suelo, peleando con el  guaperas.

Una patrulla de la policía paró frente al local, bajando del vehículo cuatro policías que recorrieron rápidamente, haciendo sonar sus silbatos, el espacio que les separaba, desde la entrada del local, hasta el lugar donde se estaba produciendo la pelea.

Los clientes que aún quedaban en el local, contemplaban con un cierto temor la escena, pero sin moverse para no perderse nada.

Los policías, empujaron hacia el mostrador a los cinco hombres, con las piernas muy abiertas, y les cachearon por si portaban armas.  Ninguno llevaba.

El grandullón, que se encontraba junto a Levine, le dijo mirándolo fríamente, y en voz baja;

— Esto ha sido un aviso. Marchaos de la ciudad…. o nos volveremos a ver.

Un coche celular, paró frente a la puerta del establecimiento.  Dos policías abrieron la puerta trasera, e indicaron a los tres individuos que habían atacado a los abogados, que subieran.

El hombre más corpulento, miró a ambos, cuando pasó junto a ellos para subir al furgón.

  ¡Fuera de Italia! - les dijo, fijando su mirada en Levine, y entrando a continuación en el vehículo.

El del cabello engominado, los miró con cara de desprecio, y escupiendo en el suelo, subió también al furgón policial.

Los dos amigos se miraron. Algo estaba sucediendo, y no sabían el qué.

Uno de los policías se acercó a ellos.

  Tengan, su documentación.  El camarero nos ha contado como ha sucedido.  Vuelvan a su hotel.

  Muchas gracias - contestaron casi al unísono.

— Italia es acogedora - dijo uno de los policías, saludando militarmente.  Esto es un incidente sin importancia.

— ¿Un incidente sin importancia, y casi nos matan? - exclamó en voz alta, Vergara.

Su compañero le dio un codazo, mientras sonreía al agente con cara de no haber roto un plato.

— Buenas noches, señores - se despidieron los policías de la patrulla, mientras subían al furgón que ya arrancaba, dirección a la comisaría.

— Buenas noches, agentes.  Y gracias otra vez - respondió Levine, acompañando sus palabras con un ligero gesto de su mano.

Los dos hombres se miraron. Estaban en...


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LOS TUTORES (fragmento)

      
                                                              
             

           EL HOSPEDAJE
Adrian Florensz Boeiens, había sido llamado de urgencia a Roma, por el Papa Julio II, con el fin de cambiar impresiones, acerca del enfrentamiento que mantenía éste, con el monarca francés Luis XII.

El Papa era uno de los personajes a los que admiraba profundamente, y con el que compartía muchos puntos de vista.

Lo había conocido cinco años antes, a su vuelta de España, y desde entonces, mantenían un estrecho contacto, ya que su afinidad era evidente.

Florensz, intentaba en algunos aspectos, mimetizarse en el Pontífice, dada la gran capacidad de análisis y resolución que estaba mostrando en su pontificado.

Como tutor de Carlos de Gante, se había desplazado a España unos años antes, para exponer al abuelo de éste, Fernando El Católico, los derechos sucesorios de su nieto, de los que éste no era partidario, en beneficio de los de su otro nieto, Fernando.

Con el fin de conseguir apoyos políticos a la sucesión de Carlos, efectuó diversas visitas no oficiales, a distintos mandatarios.  Entre ellos, a Julio II, con el que desde el primer momento trabó una magnífica relación personal.

El Pontífice, de marcado carácter como político, estratega y militar, coincidía en las habilidades políticas de Florensz, reconociéndose ambos, un cierto paralelismo,  en su manera de hacer las cosas. Asimismo, tenían en común también, su gran amor a  las artes, y con todo aquello que estuviera relacionado con la cultura.

Para Julio II, mantener una buena relación con Florensz, era obtener además un comodín muy valioso, y probablemente inmediato, en las relaciones políticas entre Estados, que se estaban dejando entrever en Europa.  Sobre todo con la incómoda Francia.

Era más que posible, que Carlos de Gante terminara gobernando en España y  en Alemania, lo que convertiría a Adrian Florensz, en una de las personas más influyentes del ámbito político mundial.

Además, para sus intereses papales, Florensz representaba una pieza clave, ya que su relación con el Emperador Maximiliano I, el otro abuelo de Carlos, no resultaban fructíferas.  Incluso podían definirse actualmente como conflictivas.

La entrevista se había concertado en el Palacio de Belvedere, junto al Vaticano, residencia papal de verano.





La comitiva, formada por dos carruajes, y una guardia personal de cincuenta soldados armados y a caballo, recorría lentamente y sin pausa, los estrechos caminos que les acercaban a Roma.

Faltaba menos de tres horas para llegar a la ciudad. El Capitán mandó parar. Habló con uno de sus oficiales, y éste partió junto con dos soldados, adelantándose al grupo.

En menos de quince minutos, la pequeña avanzadilla volvió a reunirse con el resto, comentándole algo el oficial al capitán.  Este asintió, y se dirigió al carruaje que ocupaba el tutor.

— Excelencia, hemos encontrado una casona, una hospedería, a menos de diez minutos de aquí.

— Muy bien. Pararemos en ese lugar. Ordene que nos preparen dos habitaciones, una para la señora y su doncella, y otra para mí. Que contemplen la posibilidad de darnos un baño y viandas para ambas habitaciones.

— A la orden, Excelencia.

— Que den descanso y de  comer a los hombres.  Y atiendan a los caballos - añadió el tutor.

El capitán asintió, y ordenó reanudar la marcha.





Llegaron a la posada, y el capitán destinó a un tercio de los hombres, como vigilantes exteriores de la casa y de los caballos, indicando a los demás que podían descansar en el interior.

Bajó del caballo, y entró en la hospedería.  En el patio, un hombre de semblante adusto, cuatro jóvenes y media docena de muchachas, de buen ver, con delantales, ya aguardaban a la comitiva.

— Bienvenidos a mi humilde posada, caballeros. Las habitaciones ya se encuentran preparadas, tal y como solicitasteis.

El capitán, se quitó el amplio sombrero, y sacudiéndose con él, el polvo del uniforme, contestó imperativamente, mientras echaba hacia atrás la capucha de su capa.

— Da de beber y comer a mis soldados.  Están cansados por el viaje.  Y atiende a los caballos.

— Ahora mismo, oficial - contestó el posadero, moviendo las manos, azuzando  a los sirvientes para que se movieran, y comenzaran a atender a los recién llegados.

— Sobre todo, que las habitaciones tengan buen baño y buena cama donde descansar los ilustres huéspedes que hoy honran tu posada.

— Son las mejores, mi señor.





Aún no había terminado de decir esto, cuando apareció el tutor imperial, con la señora, y una joven con aspecto de doncella.

— La señora, si así lo desea,  puede subir ya a su habitación - indicó el posadero.

La mujer se volvió al tutor y al capitán.

— Me retiro entonces. Avisadme cuando llegue la hora de partir- y dirigiéndose a Florensz -; Descansad vos también. Debéis tener la mente relajada para el cometido que os aguarda.

El tutor asintió, y ambos hombres hicieron una educada reverencia, mientras las mujeres desaparecían escaleras arriba, hacia la planta superior.

— Enseguida tendrá la suya Excelencia - comentó el posadero -. Solo falta abrir la cama.

— Entonces, pónganos mientras, un poco de buen vino, posadero - solicitó Florensz, mientras se despojaba del bonete. Su toga, de color encarnado, larga con mangas muy amplias, realzaba  el atavío negro, bajo ella.

El hombre se retiró, y al momento, una joven trajo una jarra y dos copas, en las que escanció de manera inmediata, parte del contenido de la jarra.

El capitán quedó de pie junto a la mesa en la que se había sentado el tutor.

— Siéntese conmigo, capitán.

— Gracias, Excelencia.





Los soldados comenzaban a repartirse por las mesas, de manera ordenada, y sin apenas gritar.  Eran buenos soldados, y muy disciplinados.

Aunque los amplios escotes de las muchachas, alegres de ver a tantos buenos mozos, jóvenes, fuertes y atractivos, no escapaban a las  miradas de éstos.

Las muchachas se contoneaban con sus corpiños, de talle muy ajustado, sirviendo provocadoramente a los hombres.

Florensz y el capitán, que contemplaban la escena desde su mesa, sonreían benevolentes.

— Es la sangre caliente de la juventud, capitán - comentó mientras bebía pausadamente el vino.

  Son jóvenes, Excelencia, pero buenos soldados.

— Lo sé, lo sé- sonrió ante la defensa innecesaria del capitán a sus hombres.

— Voy a subir a la habitación. Dormiré un poco. Reanudaremos el viaje en cuatro horas. Que releven a los que han quedado de guardia, por turnos.

  Vaya a descansar tranquilo - indicó el capitán, un hombre de unos treinta y cinco años, muy alto y de complexión fuerte.  Sus botas de ante oscuro, le daban más corpulencia aún.





Cuando vio que la figura del tutor había desaparecido por las escaleras, comenzó a desabrochar su capa, dejándola, junto al cinto y la espada, en la silla que había ocupado el tutor.

Una hermosa morena, de grandes ojos, se apresuró a servirle.  El oficial no pudo evitar solazarse de la belleza de sus senos, que se mostraban, en todo su esplendor, mientras la joven, intencionadamente, escanciaba agachándose, el vino.

  Eres muy hermosa.  Seguro que sabes tan bien como éste vino.

La muchacha, con una sonrisa pícara, respondió;

  No tenga su merced, ninguna duda de ello.  Mi novio dice que es así.

— Afortunado tu hombre entonces - y levantó la copa a modo de brindis -.  Porque entienda y aprecie el buen vino.

La joven se retiró sonriendo, mientras el capitán, olvidándose de ella, volvía la atención a sus hombres, que gastaban bromas entre ellos, y con las otras muchachas.  Llamó a su segundo oficial al mando.

— Señor…

— Voy a descansar un par de horas.  Ocúpese de que los hombres estén bien, pero sin pasarse.  No quiero altercados.

  Descuide, capitán.

  Dentro de tres horas, todos preparados en formación de marcha.

  A sus órdenes, capitán.

Llamó el capitán a continuación al posadero.

  Quisiera dormir un poco, en un lugar tranquilo.

  Venga capitán, junto a los cobertizos estará tranquilo y cómodo.

El oficial siguió al hombre, tumbándose sobre su capa, encima de un montón de paja, que le pareció el colchón más confortable.





Estaba a punto de quedarse dormido, cuando entró la muchacha que le había servido antes.

El capitán sonrió.

  ¿Traes más vino?

— Traigo néctar de dioses - dijo la muchacha, mientras desataba lentamente su corpiño, y  su cuerpo, iba apareciendo en toda su belleza ante el oficial, completamente absorto ante el espectáculo que se le ofrecía.

Totalmente desnuda, se echó sobre él, y comenzó a besarlo lujuriosamente, mientras le despojaba casi con furia, de su uniforme.




Había pasado poco más de una hora y media, cuando el capitán reapareció ante sus hombres, en el comedor de la posada.

Las sonrisas cómplices de éstos, hicieron asomar la suya.  Llamó a su segundo oficial.

— Id a descansar.  Yo os llamaré.

  Bien, señor.

El capitán se sentó, poniendo los pies encima de la mesa, mientras recordaba lo sucedido momentos antes.

Cogió su sombrero de piel, y se lo puso echado hacia delante.  También puso junto a su muslo, la empuñadura de su espada.  Nunca estaba de más.



Transcurrido el tiempo marcado por el tutor imperial, la comitiva reanudó su viaje hacia el Vaticano.

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